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El EspectadoR

Una de las particularidades de la raza humana es la de poder transmitir conceptos. En un principio el medio fue el habla, posteriormente vinieron otros que usaron diferentes soportes físicos. Nacían así la Pintura, la Escultura, la Escritura, la Música, la Danza, etc. No sé el orden de aparición de estas artes, pero seguro que puedo acudir para averiguarlo a mil tratados sesudos y fidedignos.

En sus orígenes, las artes tuvieron un marcado carácter práctico. Me refiero con ello a que servían para comunicar, por ejemplo, la ubicación de un recurso, las tácticas de caza o incluso la ordenación temporal de los ciclos lunares. Aun así, se trataba de un avance maravilloso. La creación de recipientes para volcar ideas abstractas. Un verdadero milagro que ayudó a establecer en la cúspide evolutiva a unos monos que habían incorporado sus columnas vertebrales al desarrollo de la raza.

Posteriormente, esta facultad para comunicar se tornó más sofisticada, llegando incluso a encerrar y por tanto a transmitir sentimientos. Es aquí cuando nace verdaderamente El Arte y con él el poder de emocionar a tus semejantes a través del aire, la materia o el propio cuerpo. Producir una reacción en el receptor o espectador, si lo piensan, es verdaderamente mágico y único. De ahí que nazca esta categoría.

Cuando Puyahumana se publicó por primera vez fue armado con varias categorías que cumplían esta función: Cómic, Detalles, Cine, Diseño, Amor al Arte y Viñetas. Para esta nueva singladura no quiero tantos nichos para plasmar lo que en definitiva trata sobre la misma cosa: Mi asombro como consumidor de Arte.

El nombre de esta categoría, El EspectadoR, es un homenaje mío a la persona por la que bebo los vientos. Una mención directa al proyecto personal de la irrepetible Rocío de la Rosa, que tocará tierra en breve: La EspectadoRa. Es como esta categoría pero bien hecha. Rocío es una persona tocada por los dioses con una sensibilidad envidiable.

Recapitulando. En Puyahumana no sólo habrá espacio para el onanismo mental, también mostraré mi faceta de amante devoto de la producción de otros artistas. No podía ser de otro modo. Déjenme revelarles mi visión, mi pasión, mi entrega por las obras de arte que me emocionan. No hay nada más hermoso que mostrar las obras que hacen que se derrita nuestro propio yo a tus semejantes. Y cuánto nos une como especie esta espléndida actividad.

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Estas son las entradas de El EspectadoR

Persépolis

Me acuerdo que recién superada la decena de años, en el telediario sonaba un estribillo persistente que nunca llegaba a entender: La Guerra de Irán-Irak.